Verónica Castro demostró en sus programas nocturnos de finales de los ochentas, su enorme capacidad como conductora al lograr mayor penetración de aquellos que presumían ser conductores de toda la vida cuando ella aparecía más como modelo y actriz en la pantalla. Su belleza sinigual y su simpatía lograba noctámbulos que no se separaban de la pantalla aveces hasta ver el amanecer. Locutores de prestigio, argumentaban que eso de lo debía a que Castro se preparó como locutora y aunque tuvo que presentar varias veces su examen de locutora, al final pudo aprobarlo. Otros pensamos que la facilidad ante el micrófono es un don natural y los estudios únicamente perfeccionan la actividad de comunicación pero no es fundamental ya que de ser así, las escuelas de locución serían una fábrica de comunicadores y la realidad es que la televisión ha carecido de buenos presentadores, ya que además de Verónica, podemos enumerar a Paco Stanley, a Juan Calderón a Paco Malgesto, todos ya fallecidos y párenle de contar. Además de que si el examen de locución que presentó Verónica Castro era suficiente para garantizar su desempeño, entonces no hubiera presentado su otro lado oscuro como comunicadora, que fue incorporar el albur y el doble sentido en la pantalla que mantenía hasta antes de Castro, una formalidad intachable en el lenguaje sin vulgaridades. Más en www.somoselespectador.blogspot.com













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