
Nadie se imaginaría que décadas después, de
la primera manifestación social, de forma
seria por parte de un sector del
pueblo de México, que concluyó con la
matanza estudiantil y la eufórica transmisión de los Juegos Olímpicos de 1968; cincuenta años después se reconociera el voto para la izquierda y para la
verdadera oposición, y la culminación como figura política de Andrés Manuel López Obrador, y que fuera el propio Presidente de México quien promoviera
el debate público, la transformación del mando presidencial y la libertad de
los medios informativos, que durante el período dictapresidencialista y luego neoliberalista, se volvieron
inválidos y parte de un conjunto de contratistas y comerciantes de la
orientación pública, disfrazados de intelectuales progresistas.
Los avances
tecnológicos de comunicación entre particulares, están poco a poco y cada vez más, derrumbando a los
medios tradicionales y dando comienzo al
ejercicio de expresión libre e interactiva aunque con tintes de libertinaje e ignorancia, como
aquellos adolescentes sesenteros que lucharon por la libertad sexual, por las parejas compartidas y el uso de la píldora anticonceptiva, pero sin educación sexual; tal y como quienes ahora opinan y que son en muchos casos, simples pasamemes y eco de otras voces, hasta llegar al grado de no saber que defender y que atacar, y en que espacio encontrarse; tal y como aquel canino que persigue a la motocicleta y cuando la alcanza, no sabe qué hacer,
y termina por defender, incluso, a su enemigo histórico. Màs en www.somoselespectador.blogspot.com